un violeta pálido. Algunos filósofos naturales suponen que estos colores surgen de vapores accidentales difundidos en el aire, que comunican sus propios tintes a las sombras; no es que los colores de las observaciones estén ocasionados por el reflejo de un color de cielo determinado o por la interposición de un color de aire determinado: las observaciones anteriores parecen favorecer esta opinión». Los casos citados por De Saussure pueden ahora explicarse y clasificarse con ejemplos análogos sin
A gran altura, el cielo estaba por lo general libre de vapores, el sol brillaba con toda su fuerza sobre la nieve, de modo que esta parecía perfectamente blanca a la vista: en este caso veían las sombras completamente incoloras.
Si el aire estaba cargado con cierto grado de vapor, a consecuencia de lo cual la nieve ligera adquiría un tono amarillento, las sombras eran de color violeta, y este efecto, al parecer, ocurría con mayor frecuencia.
Vieron también sombras azuladas, pero esto sucedía con menos frecuencia; y el hecho de que el azul y el violeta fuesen pálidos se debía a la luminosidad circundante, con la cual se atenuaba la intensidad de las sombras.
Una sola vez vieron la sombra amarillenta: en este caso, como ya hemos visto (70), la sombra es proyectada por una luz incolora e iluminada levemente por una coloreada.
75.
Al viajar por el Harz en invierno, casualmente descendí del Brocken hacia el atardecer;