«Cuando Newton intentó calcular los rayos de luz descompuestos por el prisma —dice sir John Leslie—, y se arriesgó a asignar el famoso número siete, se vio aparentemente influido por cierta inclinación latente hacia el misticismo. Si cualquier persona sin prejuicios repite imparcialmente el experimento, pronto se convencerá de que los diversos espacios coloreados que pintan el espectro se funden unos en otros mediante matices indefinidos: podrá nombrar cuatro o cinco colores principales, pero los espacios subordinados se multiplican evidentemente de tal modo que resultan incapaces de enumeración. Difícilmente podemos dudar de que el mismo ilustre matemático se vio traicionado por una pasión por la analogía, al imaginar que los colores primarios se distribuyen por el espectro según las proporciones de la escala musical diatónica, ya que esos espacios intermedios carecen en realidad de límites precisos y definidos».—Treatises on Various Subjects of Natural and Chemical Philosophy, p. 59.
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