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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

IX

¡Qué capítulo de azares —dijo mi padre, volviéndose sobre el primer descanso mientras él y mi tío Toby bajaban las escaleras—, qué largo capítulo de azares nos abren los acontecimientos de este mundo!

Toma pluma y tintero en mano, hermano Toby, y calcúlalo imparcialmente⁠—; de cálculos no sé más que esta balaustrada —dijo mi tío Toby (quedándose corto con la muleta y atizando a mi padre un golpe tremendo, directo a toda carne sobre la espinilla)—. Era cien contra uno —exclamó mi tío Toby—. Creía, replicó mi padre (sobándose la espinilla), que no sabías nada de cálculos, hermano Toby.

Es mera casualidad —dijo mi tío Toby—. Entonces se añade uno al capítulo —respondió mi padre.

El doble éxito de las ocurrencias de mi padre disipó al instante el dolor de su espinilla —menos mal que así se dio— (¡el azar!, de nuevo) —o hasta el día de hoy el mundo jamás habría conocido el tema del cálculo de mi padre—; adivinarlo —no había ninguna posibilidad—; ¡En qué afortunado capítulo de casualidades ha desembocado esto!, pues me ha ahorrado la molestia de escribir uno exprofeso, y a decir verdad ya tengo bastantes manos a la obra como para añadir más. —¿No le he prometido al mundo un capítulo de nudos? ¿dos capítulos sobre el extremo derecho y el izquierdo de una mujer? ¿un capítulo sobre las patillas? ¿un capítulo sobre los deseos? —¿un capítulo sobre las narices? —No, eso ya lo he hecho—; ¿un capítulo sobre el pudor de mi tío Toby? por no hablar de un capítulo sobre los capítulos, que terminaré antes de dormir —por las patillas de mi bisabuelo, que este año no me ventilaré ni la mitad de ellos.

Toma pluma y tintero en mano, y calcúlalo bien, hermano Toby —dijo mi padre—, y resultará un millón a uno de que, de todas las partes del cuerpo, el filo de los fórceps tuviera la mala suerte de recaer justamente y destruir aquella única parte que había de arruinar con ella las fortunas de nuestra casa.

—Pudo haber sido peor —respondió mi tío Toby—. —No comprendo —dijo mi padre—. —Supóngase que se hubiera presentado la cadera —respondió mi tío Toby—, tal como el doctor Slop presagiaba.

Mi padre reflexionó medio minuto⁠—miró hacia abajo⁠⸺⁠se tocó ligeramente el centro de la frente con el dedo⁠⸻

—Es verdad —dijo—.

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