Una o dos consultas engañosas y deliciosas de este género, entre mi tío Toby y Trim, acerca de la demolición de Dunkerque, —restituyeron por un momento las ideas de aquellos placeres que se le iban escapando de bajo los pies:—aun así—aun así todo marchaba con pesadez—la magia dejaba el espíritu más debilitado— La quietud, con el Silencio a sus espaldas, entró en la sombría salita y echó su velo de gasa sobre la cabeza de mi tío Toby;—y la desgana, con su fibra laxa y su mirada extraviada, se sentó tranquilamente a su lado en el sillón.—Ya no eran Amberg y Rhinberg, y Limbourg, y Huy, y Bonn, en un año,—y la perspectiva de Landen, y Trerebach, y Drusen, y Dendermond, al siguiente,—los que aceleraban la sangre:—Ya no conseguían zapa, ni minas, ni blindaies, ni gaviones, ni empalizadas mantener alejada a esta bella enemiga del reposo del hombre:—Ya no podía mi tío Toby, tras rebasar las líneas franceses, mientras se comía su huevo en la cena, penetrar desde allí en el corazón de Francia,—cruzar el Oise, y con toda Picardía abierta a su espalda, marchar hasta las puertas de París, y quedarse dormido con puras ideas de gloria:—Ya no había de soñar que había fijado el estandarte real sobre la torre de la Bastilla, y despertarse con él ondear en su cabeza.
⸺Visiones más suaves,—vibraciones más apacibles se deslizaron dulcemente en su sueño;—la trompeta de la guerra se le cayó de las manos,—tomó el laúd, ¡dulce instrumento! ¡de todos el más delicado! ¡el más difícil!—¿cómo lo tocarás, mi querido tío Toby?