Considerándose el puente levadizo irreparable, se le ordenó a Trim de inmediato ponerse manos a la obra con otro—pero no sobre el mismo modelo: pues al descubrirse por entonces las intrigas del cardenal Alberoni, y presagiando con acierto mi tío Toby que estallaría inevitablemente una llama entre España y el Imperio, y que las operaciones de la campaña venidera habrían de desarrollarse con toda probabilidad en Nápoles o en Sicilia—determinó construir un puente italiano—(mi tío Toby, dicho sea de paso, no iba muy desencaminado en sus conjeturas)—pero mi padre, que era infinitamente mejor político y llevaba la delantera a mi tío Toby en el gabinete tanto como mi tío Toby se la llevaba a él en el campo—le convenció de que si el rey de España y el Imperio se agarraban de las mechas, Inglaterra, Francia y Holanda debían también, por la fuerza de sus compromisos previos, entrar en la liza;—y de ser así, solía decir, los combatientes, hermano Toby, tan seguro como que estamos vivos, volverán a enfrascarse, a trochemoche, en el viejo escenario de Flandes;—entonces, ¿qué harás con tu puente italiano?
—Seguiremos, pues, con él según el viejo modelo —exclamó mi tío Toby.
Cuando el cabo Trim llevaba cerca de la mitad hecha en aquel estilo⸺, mi tío Toby descubrió en ella un defecto capital, en el que nunca antes había reparado del todo. Consistía, al parecer, en unos goznes en ambos extremos, abriéndose por la mitad, de modo que una mitad giraba hacia un lado del foso y la otra hacia el otro; la ventaja de esto era que, al dividir el peso del puente en dos partes iguales, facultaba a mi tío Toby para levantarlo o bajarlo con la punta de su muleta y con una sola mano, lo cual, como su guarnición era débil, era cuanto buenamente podía permitirse—, pero las desventajas de tal construcción eran insuperables;⸺pues por este medio, solía decir, dejo una mitad de mi puente en poder de mi enemigo— y, díganme, ¿de qué sirve la otra?
El remedio natural para esto era, sin duda, que su puente estuviera sujeto solo por un extremo con bisagras, de modo que todo pudiera levantarse junto y quedar completamente erguido, pero aquello fue descartado por la razón dada anteriormente.
Durante toda una semana después de haberse decidido en su mente por uno de esa clase en particular que se hace para retirarse horizontalmente, a fin de impedir el paso; y para volverse a empujar hacia adelante con el objeto de ganarlo—de cuyas clases vuestra merced podrá haber visto tres famosas en Espira antes de su destrucción— y una ahora en Brisac, si no me equivoco—; pero aconsejando mi padre a mi tío Toby, con gran insistencia, que no tuviera ya nada más que ver con puentes corredizos—y previendo además mi tío que aquello no haría sino perpetuar la memoria de la desgracia del Cabo—, cambió de opinión por el de la invención del marqués d’Hôpital, que el joven Bernouilli ha descrito tan bien y con tanto saber, como vuestras mercedes pueden ver⸻ Act. Erud. Lips. an. 1695—; para estos un peso de plomo es un contrapeso eterno, y hace la guardia tan bien como un par de centinelas, en la medida en que la construcción de los mismos era una línea curva que se aproximaba a una cicloide⸻si no una cicloide misma.
Mi tío Toby entendía la naturaleza de una parábola tan bien como cualquier hombre en Inglaterra, pero no era tan experto en la cicloide;⸺hablaba sin embargo de ella todos los días⸺el puente no avanzaba.⸺Se lo preguntaremos a alguien, exclamó mi tío Toby dirigiéndose a Trim.