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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

XXXIV

De dos trazoz, el uno a Hipócrates, y el otro a lord Verulam, lo logró mi padre.

El golpe al príncipe de los médicos, con el que comenzó, no fue más que un breve agravio a su penosa queja del Ars longa,—y Vita brevis.—¡La vida es corta, exclamó mi padre,—y el arte de curar, tedioso! ¿Y a quién hemos de agradecerle lo uno y lo otro, sino a la ignorancia de los propios charlatanes,—y a las carretadas de remedios químicos y cachivaches peripatéticos con los que, en todas las épocas, primero han adulado al mundo y al fin lo han engañado?

⸺⁠¡Oh, mi señor Verulam!⁠—exclamó mi padre, apartándose de Hipócrates y dirigiéndole su segundo golpe, como al principal de los vendedores de remedios secretos y el más apto para servir de escarmiento a los demás⁠—, ¿qué te diré, mi gran señor Verulam? ¿Qué diré de tu espíritu interno⁠—, de tu opio⁠—, de tu salitre⁠—, de tus grasientas unciones⁠—, de tus purgas diarias⁠—, de tus clisteres nocturnos y tus sucedáneos?

⸺⁠Mi padre jamás se quedaba sin saber qué decirle a nadie, sobre ningún tema; y era el hombre que menos necesidad tenía del exordio de cuantos respiran: cómo lidió con la opinión de su señoría,⁠⸺⁠lo veréis;⁠⸺⁠cuándo, empero⁠—no lo sé;⁠⸺⁠primero hemos de ver cuál era la opinión de su señoría.

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