Cuando Susannah le contó al cabo la desgracia de la faja, con todas las circunstancias que rodearon mi asesinato, —como ella lo llamó—, la sangre huyó de sus mejillas; —siendo todos los cómplices de asesinato autores principales—, la conciencia de Trim le dijo que él tenía tanta culpa como Susannah; —y si la doctrina hubiera sido cierta, mi tío Toby habría tenido de qué responder ante el cielo por el derramamiento de sangre tanto como cualquiera de los dos—; de modo que ni la razón ni el instinto, separados o juntos, habrían podido guiar los pasos de Susannah hacia un asilo tan apropiado.
Es en vano dejar esto a la imaginación del lector: —para formarse cualquier clase de hipótesis que haga viables estas propuestas, tendrá que devanarse los sesos dolorosamente—, y para hacerlo sin ellos, —tendría que poseer unos sesos como ningún lector ha tenido jamás antes que él. —¿Por qué iba a someterlos a prueba o a tortura? Es asunto mío: lo explicaré yo mismo.