¿No es una vergüenza hacer dos capítulos de lo que pasó al bajar un solo tramo de escalera? pues no hemos avanzado todavía más que hasta el primer descansillo, y quedan quince escalones más hasta abajo; y por lo que sé, como mi padre y mi tío Toby están habladores, puede haber tantos capítulos como peldaños:—sea como fuere, señor, no puedo evitarlo más que a mi destino:—Me asalta un impulso repentino—corre el velo, Shandy—lo corro—Traza una línea aquí a lo largo del papel, Tristram—la trazo—y viva un nuevo capítulo.
No otra regla tengo por dónde guiarme en este asunto—y si la tuviera—como hago todas las cosas fuera de toda regla—la retorcería y la rasgaría en pedazos, y la echaría al fuego cuando hubiese acabado—¿Estoy caliente? Lo estoy, y la causa lo exige⸺¡una bonita historia! ¿ha de seguir un hombre las reglas—o las reglas seguirle a él?
Ahora bien, debéis saber que, siendo este mi capítulo sobre capítulos, el cual prometí escribir antes de irme a dormir, creí oportuno dejar mi conciencia completamente en paz antes de acostarme, contándole al mundo todo lo que sabía sobre el asunto de una buena vez: ¿No es esto diez veces mejor que lanzarse dogmáticamente con un sentencioso desfile de sabiduría, y contarle al mundo la milonga del caballo asado—que los capítulos alivian la mente—que ayudan—o se imponen a la imaginación—y que en una obra de esta índole dramática son tan necesarios como el cambio de decorados—con otras cincuenta ocurrencias frías, suficientes para apagar el fuego que lo asó?—¡Oh!, pero para entender esto, que es un soplo al fuego del templo de Diana—debéis leer a Longino—seguid leyendo—si no sois una miaja más sabios tras leerlo por primera vez—no temáis—leedlo otra vez— Avicenna y Licetus leyeron la metafísica de Aristóteles cuarenta veces cada uno, y jamás entendieron una sola palabra.—Pero notad la consecuencia— Avicenna resultó ser un escritor audaz en toda clase de escritos—pues escribió libros de omni scribili; y en cuanto a Licetus (Fortunio), aunque todo el mundo sabe que nació feto, de no más de cinco pulgadas y media de longitud, creció, sin embargo, a semejante altura en la literatura, que escribió un libro con un título tan largo como él mismo—los letrados ya me entienden, me refiero a su Gonopsychanthropologia, sobre el origen del alma humana.
Y tanto por mi capítulo sobre capítulos, el cual tengo por el mejor capítulo de toda mi obra; y creedme, quienquiera que lo lea hará un tiempo tan bien empleado como si se pusiera a desmigajar paja.