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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

XXIII

—Estamos arruinadas y perdidas, hija mía —dicho la abadesa a Margarita—, pasaremos aquí toda la noche... nos saquearán... nos violarán...

⸺⁠Nos vamos a divertir de lo lindo, dijo Margarita, a voz en cuello.

¡Sancta Maria! —exclamó la abadesa (olvidándose de la ¡oh!)—, ¿por qué me dejé gobernar por esta maldita articulación rígida? ¿por qué abandoné el convento de Andoüillets? y ¿por qué no permitiste que tu sierva marchara impoluta a su tumba?

—¡Ay, mi dedo! ¡mi dedo! —gritó el novicio, encendiéndose al oír la palabra criado—; ¿por qué no me conformé con meterlo aquí, o allá, en cualquier parte antes que hallarme en este aprieto?

—¡Estrecho! —dijo la abadesa.

—Estrecho —dijo la novicia; pues el terror había herido sus entendimientos—, la una no sabía lo que decía, la otra lo que respondía.

¡Oh, mi virginidad! ¡virginidad!, exclamó la abadesa.

⸺⁠inidad!⁠⸺⁠inidad! dijo la novicia, sollozando.

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