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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Table of Contents

XXII

Cuando el cabo Trim hubo colocado sus dos morteros en posición, quedó sumamente encantado con su obra artesanal; y sabiendo el placer que le daría a su amo verlos, no pudo resistir el deseo de llevárselos directamente al salón.

Ahora, junto con la lección moral que tenía en vista al mencionar el asunto de los goznes, tuve una consideración especulativa que se derivaba de ello, y es la siguiente.

Si la puerta del salón se hubiera abierto y girado sobre sus bisagras, como debe hacerlo una puerta⁠—

O, por ejemplo, tan ingeniosamente como nuestro gobierno ha estado girando sobre sus goznes⁠—(esto es, en el caso de que todo le haya marchado bien a vuestra señoría,⁠—de otro modo renuncio a mi símil)⁠—en este caso, digo, no habría habido peligro alguno, ni para el amo ni para el criado, en que el cabo Trim asomara la, cabeza: en el momento en que hubiera contemplado a mi padre y a mi tío Toby profundamente dormidos⁠—la respetuosidad de su porte era tal, que se habría retirado tan silencioso como la muerte, dejándoselos a ambos en sus sillones, soñando tan felices como los había encontrado: pero el asunto era, hablando moralmente, tan sumamente impracticable que, durante los muchos años en que se permitió que este gozne estuviera descompuesto, y entre las penalidades cotidianas que mi padre soportaba por su causa⁠—esta era una; que jamás se cruzaba de brazos para echarse la siesta después de comer, sin que la idea de verse inevitablemente despertado por la primera persona que abriera la puerta estuviera siempre presente en su imaginación, interponiéndose tan incesantemente entre él y el primer bálzamo presagio de su reposo, como para robarle, según declaraba a menudo, toda la dulzura del mismo.

«Cuando las cosas giran sobre malos quicios, si place a vuestras señorías, ¿cómo puede ser de otro modo?»

—¿Se puede saber qué pasa? ¿Quién hay ahí? —gritó mi padre al despertar, en el preciso instante en que la puerta comenzó a chirriar—. Ojalá el herrero le echara un vistazo a ese maldito gozne. —No es nada, si su señoría gusta —dijo Trim —, sino dos morteros que traigo. —¡No van a armar jaleo con ellos aquí! —exclamó mi padre con premisa—. Si el doctor Slop tiene que machacar alguna droga, que lo haga en la cocina. —¡Si le place a su señoría —exclamó Trim —, son dos piezas de mortero para un asedio el próximo verano, que he estado fabricando con un par de botas altas que Obadiah me dijo que su señoría había dejado de usar! —¡Por el cielo! —gritó mi padre, levantándose de un salto de su sillón al tiempo que juraba—: ¡No tengo ninguna pertenencia a la que le tenga tanto apego como a estas botas altas! Eran las de nuestro bisabuelo, hermano Toby ; eran hereditarias.

—Entonces mucho me temo, dijo mi tío Toby , que Trim ha roto la vinculación. —Solo he cortado las cañas, si su señoría gusta —exclamó Trim —. ¡Odio las vinculaciones tanto como cualquier hombre viviente! —exclamó mi padre—, pero estas botas altas, continuó (sonriendo, aunque muy enojado al mismo tiempo), han estado en la familia, hermano, desde las guerras civiles; sir Roger Shandy las llevó puestas en la batalla de Marston-Moor . ¡Te juro que no las habría cambiado por diez libras! —Yo te pagaré el dinero, hermano Shandy —dijo mi tío Toby , contemplando los dos morteros con infinito placer y metiéndose la mano en el bolsillo del calzón mientras los miraba—: Te pagaré las diez libras ahora mismo con todo mi corazón y toda mi alma.

—Hermano Toby —replicó mi padre, cambiando de tono—, a ti no te importa qué dinero despilfarres y tires por la borda, con tal de que —continuó él— sea solo en un sitio. —¿No tengo ciento veinte libras al año, además de mi media paga? —exclamó mi tío Toby. —¿Qué es eso —replicó mi padre con premura— comparado con diez libras por un par de botas de montar? —¿doce guineas por tus pontones? —¿la mitad de eso por tu puente levadizo holandés? —por no hablar de la recua de piececitas de artillería de bronce que encargaste la semana pasada, con otros veinte preparativos para el sitio de Mesina: créeme, querido hermano Toby —continuó mi padre, tomándole amistosamente de la mano—, estas operaciones militares tuyas superan tus fuerzas; —tienes buenas intenciones, hermano —pero te arrastran a mayores gastos de los que previste al principio; —y, palabra de honor, querido Toby, que al final arruinarán por completo tu hacienda y te convertirán en un mendigo. —¿Qué importa que lo hagan, hermano? —respondió mi tío Toby—, ¡siempre y cuando sepamos que es por el bien de la nación!⁠—

Mi padre no pudo evitar sonreír en su alma⁠—su ira, en el peor de los casos, nunca pasaba de ser una chispa;⁠—y el celo y la ingenuidad de Trim⁠—y la generosa (aunque maniática) hidalguía de mi tío Toby, lo devolvieron a un humor excelente con ellos en un instante.

¡Almas generosas!⁠—¡Dios os prospere a entrambos, y a vuestros morteros también!, díjose mi padre a sí mismo.

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