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nydus/The Life and Opinions of Tristram Shandy, GentlemanPublic
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Capítulo V

Cualquier hombre, señora, razonando inductivamente, y observando la prodigiosa sufusión de sangre en el semblante de mi padre —a causa de la cual (puesto que toda la sangre de su cuerpo pareció precipitarse en su rostro, como os dije) debió de enrojecer, pictórica y científicamente hablando, seis tonos enteros y medio, si no una octava entera por encima de su color natural—: cualquier hombre, señora, salvo mi tío Toby, que hubiera observado esto, junto con el violento fruncimiento de las cejas de mi padre y la extravagante contorsión de su cuerpo durante todo el asunto, habría deducido que mi padre estaba furioso; y, dándolo por sentado —de haber sido amante de esa clase de concordia que surge de afinar exactamente dos instrumentos semejantes—, al instante habría apretado el suyo hasta el mismo tono; ¡y entonces se habría armado la de San Quintín!, ¡la pieza entera, señora, se habría interpretado como la sexta de Avison Scarlatti— con furia—, como locos! ¡Paciencia os pido! ⸺¿Qué tienen que ver el con furia, ⸺el con strepito ⸺o cualquier otro alboroto del mundo con la armonía?

Cualquier hombre, digo yo, señora, excepto mi tío Toby —cuya benignidad de corazón interpretaba cada movimiento del cuerpo en el sentido más benévolo que este pudiera admitir—, habría deducido que mi padre estaba enfadado, y además lo habría culpado. Mi tío Toby no culpó a nadie más que al sastre que abrió la ojalera del bolsillo;⁠⸺⁠de modo que, permaneciendo sentado tranquilamente hasta que mi padre hubo sacado el pañuelo de él, y mirándole todo el tiempo a la cara con una benevolencia inespresable⁠⸺⁠mi padre, a la postre, prosiguió de la siguiente manera.

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