El don del raciocinio y de formar silogismos⸺me refiero en el hombre⸺, porque en las clases superiores de seres, tales como ángeles y espíritus⸺todo se hace, pluguiera a vuestras señorías, según me cuentan, por Intuición;— y los seres inferiores, como todos vuestras señorías saben⸺ silogizan con sus narices: si bien hay una isla flotando en el mar (aunque no del todo a sus anchas) cuyos habitantes, si mi información no me engaña, están tan maravillosamente dotados como para silogizar del mismo modo y a menudo salir muy bien parados también:⸻pero eso ni viene a cuento ni importa⸻
El don de hacerlo como es debido, entre nosotros, o bien —el grande y principal acto de la raciocinación en el hombre, como nos dicen los lógicos— consiste en hallar la concordancia o discordancia de dos ideas entre sí, mediante la intervención de una tercera (llamada el medius terminus); así como un hombre, como bien observa Locke, mediante una vara, halla que las boleras de dos hombres tienen la misma longitud, las cuales no podrían juntarse para medir su igualdad por yuxtaposición.
Si el mismo gran razonador hubiera estado presente mientras mi padre ilustraba sus sistemas de narices, y hubiera observado el comportamiento de mi tío Toby —la enorme atención que prestaba a cada palabra y, cada vez que se quitaba la pipa de la boca, con qué maravillosa seriedad contemplaba la longitud de ella— examinándola transversalmente mientras la sostenía entre el dedo índice y el pulgar— luego de frente— y luego de este modo y del otro, en todas sus direcciones posibles y escorzos— habría concluido que mi tío Toby se había hecho con el medius terminus, y que estaba silogizando y midiendo con él la verdad de cada hipótesis de las narices largas, a medida que mi padre se las exponía. Esto, dicho sea de paso, era más de lo que mi padre pretendía; su objetivo en todos los esfuerzos que ponía en estas lecciones filosóficas era permitir que mi tío Toby no las discutiera —sino que las comprendiera— que sostuviera los granos y escrúpulos de la erudición —no que los pesara—. Mi tío Toby, como leerán en el próximo capítulo, no hizo ni lo uno ni lo otro.