Desde el primer momento en que me senté a escribir mi vida para entretenimiento del mundo, y mis opiniones para su instrucción, una nube ha ido formándose imperceptiblemente sobre mi padre.—Una marea de pequeños males y aflicciones ha venido enfilarse contra él.—Ni una sola cosa, como él mismo observó, le ha salido bien: y ahora la tormenta se ha densificado y va a estallar, y a descargar con toda su furia sobre su cabeza.
Entro en esta parte de mi historia en el estado de ánimo más pensativo y melancólico que jamás haya conmovido a un pecho comprensivo.⸺Mis nervios se relajan al contarlo.⸺Con cada línea que escribo, siento una disminución en la rapidez de mi pulso y de esa despreocupada alegría con la que, cada día de mi vida, me siento impelido a decir y escribir mil cosas que no debería.⸺Y en este preciso momento en que por última vez he mojado mi pluma en el tintero, no he podido evitar reparar en el aire tan cauteloso de triste compostura y solemnidad con que lo he hecho.⸺¡Santo Dios! ¡Qué diferente de los arrebatos temerarios y las chifladas salpicaduras con las que sueles hacerlo, Tristram, en otros estados de ánimo—dejando caer la pluma—esparciendo la tinta por tu mesa y tus libros—como si tu pluma y tu tinta, tus libros y tus muebles no te costaran nada!