En el amueblamiento de sus hogares, mantenían todo en el centro de las enormes habitaciones, dejando todos los espacios de las paredes libres para tratamientos decorativos.
La iluminación, en el caso de los habitantes de la tierra, se lograba mediante un dispositivo probablemente de naturaleza electroquímica.
Tanto en tierra como bajo el agua usaban mesas, sillas y sofás curiosos parecidos a armazones cilíndricos —pues descansaban y dormían erguidos con los tentáculos plegados— y estantes para los conjuntos articulados de superficies punteadas que formaban sus libros.
El gobierno era evidentemente complejo y probablemente socialista, aunque no podían deducirse certezas al respecto a partir de las esculturas que vimos. Había un extenso comercio, tanto local como entre diferentes ciudades; ciertas fichas pequeñas y planas, pentagonales e inscritas, servían como dinero. Probablemente las más pequeñas de las diversas esteatitas verdosas encontradas por nuestra expedición fuesen piezas de dicha moneda.
Aunque la cultura era principalmente urbana, existían algo de agricultura y mucha ganadería. También se practicaban la minería y una cantidad limitada de manufactura. Los viajes eran muy frecuentes, pero la migración permanente parecía relativamente rara, salvo por los vastos movimientos colonizadores mediante los cuales la raza se expandió.
Para la locomoción personal no se usaba ninguna ayuda externa, ya que tanto en el desplazamiento por tierra, aire y agua, los Antiguos parecían poseer capacidades excesivamente vastas de velocidad. Las cargas, sin embargo, eran arrastradas por bestias de carga: Shoggoths bajo el mar, y una curiosa variedad de vertebrados primitivos en los últimos años de su existencia terrestre.
Estos vertebrados, así como una infinidad de otras formas de vida —animal y vegetal, marina, terrestre y aérea—, eran producto de una