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nydus/At the Mountains of MadnessPublic
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V. El Más Allá

inconmensurablemente gigantesco, y qué relación con el mundo general de su tiempo o de otros tiempos pudo haber tenido una concentración de vida tan única.

Pues este lugar no podía ser una ciudad ordinaria. Debía de haber constituido el núcleo primordial y el centro de algún capítulo arcaico e increíble de la historia de la tierra cuyas ramificaciones exteriores, recordadas solo confusamente en los mitos más oscuros y distorsionados, se habían desvanecido por completo en medio del caos de las convulsiones terrenales mucho antes de que ninguna raza humana de la que conocemos hubiera salido arrastrándose de su simiada condición.

Aquí se extendía una megalópolis paleogea comparada con la cual la fabulosa Atlántida y Lemuria, Commoriom y Uzuldaroum, y Olathoë en la tierra de Lomar son cosas recientes de hoy —ni siquiera de ayer—; una megalópolis a la altura de tales blasfemias prehumaras susurradas como Valusia, R’lyeh, Ib en la tierra de Mnar, y la Ciudad Sin Nombre de Arabia Deserta.

Mientras volábamos sobre aquel dédalo de austeras torres de Titán, mi imaginación a veces se desbordaba por completo y divagaba sin rumbo por reinos de asociaciones fantásticas, llegando incluso a tejer nexos entre este mundo perdido y algunos de mis sueños más desquiciados acerca del demencial horror en el campamento.

El depósito de combustible del aeroplano, en aras de una mayor ligereza, solo se había llenado a medias; por tanto, ahora debíamos extremar la precaución en nuestras exploraciones. Aun así, sin embargo, cubrimos una extensión enorme de terreno —o más bien, de aire— tras descender en picado hasta un nivel donde el viento se volvió prácticamente insignificante.

Parecía no haber límite para la cadena montañosa, ni para la longitud de aquella espantosa ciudad de piedra que bordeaba sus estribaciones interiores.

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