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nydus/At the Mountains of MadnessPublic
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III. Las montañas de la locura

Eran aproximadamente las cuatro de la tarde, después de que un largo vuelo de crucero nos hubiera obligado a dar a Gedney por perdido, cuando enviamos nuestro mensaje en clave al Arkham para que lo retransmitiera; y creo que hicimos bien en mantenerlo tan tranquilo y evasivo como logramos hacerlo.

Lo más que dijimos acerca de la agitación tuvo que ver con nuestros perros, cuya frenética inquietud cerca de los especímenes biológicos era de esperar por los relatos del pobre Lake. No mencionamos, creo, su manifestación de esa misma inquietud al olisquear en torno a las extrañas estearitas verdosas y a ciertos otros objetos en la región desordenada —objetos que incluían instrumentos científicos, aeroplanos y maquinaria, tanto en el campamento como en la perforación, cuyas piezas habían sido aflojadas, movidas o alteradas de algún otro modo por vientos que debían de albergar una curiosidad e inquisitividad singulares.

Sobre los catorce especímenes biológicos fuimos disculpablemente vagos. Dijimos que los únicos que descubrimos estaban dañados, pero que quedaba lo suficiente de ellos para demostrar que

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