mismos las garras de un terror opresivo; pues había un tipo de escena sombría y recurrente en la que se mostraba a los Primigenios retrocediendo aterrorizados ante algún objeto —al que nunca se permitía aparecer en el diseño— encontrado en el gran río y señalado como si hubiera sido arrastrado a través de bosques de cícadas ondulantes y cubiertos de vides desde aquellas horribles montañas occidentales.
Solo en aquella última y moderna casa de tallas decadentes obtuvimos algún presagio de la calamidad final que condujo al abandono de la ciudad.
Indudablemente debió de haber muchas otras esculturas de la misma época en otros lugares, aun teniendo en cuenta las energías y aspiraciones menguadas de un período estresante e incierto; de hecho, poco después nos llegaron pruebas muy certeras de la existencia de otras.
Pero este fue el primer y único conjunto con el que topamos directamente.