También es verdad que no hallamos ninguno de los objetos biológicos arqueanos en condiciones de ser sacados enteros al exterior. Sí recogimos algunos minerales de un vasto montón revuelto, incluidos varios de los fragmentos de esteatita verdosa cuyas extrañas formas redondeadas de cinco puntas y débiles patrones de puntos agrupados dieron pie a tantas comparaciones dudosas, y algunos huesos fósiles, entre los que se encontraban los ejemplares más representativos de los curiosamente mutilados.
Ninguno de los perros sobrevivió; su improvisado recinto de nieve cerca del campamento quedó casi por completo destruido. Es posible que el viento lo hubiera causado, aunque los mayores destrozos en el lado que daba al campamento, que no era el de barlovento, sugieren un salto o una ruptura hacia el exterior por parte de las propias bestias frenéticas.
Los tres trineos habían desaparecido, y hemos intentado explicar que el viento pudo habérselos llevado hacia lo desconocido. El taladro y la maquinaria para fundir hielo del pozo estaban demasiado dañados como para justificar su rescate, así que los utilizamos para obturar esa sutilmente inquietante puerta al pasado que Lake había abierto con explosivos.
Asimismo, dejamos en el campamento los dos aviones que habían quedado más maltrechos; puesto que a nuestro grupo de supervivientes solo le quedaban cuatro pilotos de verdad —Sherman, Danforth, McTighe y Ropes— en total, y Danforth se encontraba en un estado de nervios precario para pilotar. Nos trajimos todos los libros, equipos científicos y demás accesorios que pudimos encontrar, aunque gran parte de ellos había desaparecido misteriosamente arrastrados por el viento. Las tiendas de repuesto y las pieles o bien faltaban o estaban en muy mal estado.