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nydus/At the Mountains of MadnessPublic
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XI

Antártida y gritada eternamente por las gigantescas aves, de blancura espectral, del corazón de aquella región maligna. > « ¡Tekeli-li! ¡Tekeli-li! » Eso, debo admitir, es exactamente lo que nos pareció escuchar transmitido por aquel sonido repentino detrás de la creciente bruma blanca; ese insidioso y musical silbido en una gama singularmente

Estábamos en plena huida antes de que se hubieran emitido tres notas o sílabas, aunque sabíamos que la rapidez de los Antiguos permitiría a cualquier superviviente de la matanza, alertado por los gritos y en nuestra persecución, alcanzarnos en un instante si de verdad deseaba hacerlo.

Sin embargo, abriganábamos la vaga esperanza de que una conducta no agresiva y una muestra de razón afín indujeran a tal ser a perdonarnos la vida en caso de captura, aunque fuera solo por curiosidad científica.

Después de todo, si semejante criatura no tuviera nada que temer por sí misma, no tendría ningún motivo para hacernos daño.

Siendo fútil la ocultación en este momento, usamos nuestra linterna para echar un rápido vistazo hacia atrás, y percibimos que la niebla se estaba disipando.

¿Veríamos al fin un espécimen completo y vivo de esos otros?

De nuevo llegó aquel siseo musical e insidioso: —¡Tekeli-li! ¡Tekeli-li!

Luego, al notar que en realidad íbamos ganando terreno a nuestro perseguidor, se nos ocurrió que la entidad tal vez estuviera herida. No podíamos arriesgarnos, sin embargo, puesto que era muy obvio que se acercaba en respuesta al grito de Danforth, más que huyendo de

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