Atwood calculará la altura con el teodolito mientras Carroll y yo subimos. Probablemente nos equivoquemos respecto a los conos, pues las formaciones parecen estratitificadas. Posiblemente pizarra precámbrica con otros estratos mezclados. Curiosos efectos en la línea del horizonte: secciones regulares de cubos adheridas a los picos más altos. Todo ello maravilloso bajo la luz rojiza y dorada del sol bajo. Como una tierra de misterio en un sueño o la puerta a un mundo prohibido de maravillas jamás holladas. Ojalá estuvieras
Aunque técnicamente era la hora de dormir, ninguno de nosotros, los oyentes, pensó ni por un momento en retirarse. Debía de ocurrir algo muy parecido en el estrecho de McMurdo, donde el depósito de suministros y el Arkham también estaban recibiendo los mensajes; pues el capitán Douglas lanzó una llamada felicitando a todo el mundo por el importante hallazgo, y Sherman, el operador del depósito, secundó sus sentimientos. Sentíamos, por supuesto, lo del aeroplano dañado, pero esperábamos que pudiera arreglarse fácilmente.
Luego, a las once de la noche, llegó otra llamada de Lake:
“Arriba con Carroll sobre las estribaciones más altas. No me atrevo a intentar picos realmente altos con el clima actual, pero lo haré más tarde. Trabajo espantoso el de escalar, y difícil avanzar a esta altitud, pero vale la pena. Gran cordillera bastante maciza, por lo que no se divisa nada al otro lado. Las cumbres principales superan al Himalaya, y son muy extrañas. La cordillera parece pizarra precámbrica, con claras señales de muchos otros estratos levantados. Me equivoqué respecto al vulcanismo. Se extiende en ambas direcciones más allá de lo que alcanzamos a ver. Barrida de nieve por encima de unos veintiún mil