hecho de que soy, aun cuando debiera estar siempre soñando, y aun cuando aquel que me dio el ser empleara todo su ingenio en engañarme? ¿Hay asimismo alguno de estos atributos que pueda distinguirse propiamente de mi pensamiento, o que pueda decirse que está separado de mí? Pues es de suyo tan evidente que soy yo quien duda, soy yo quien comprende y soy yo quien desea, que no es necesario aquí añadir nada para hacerlo más claro.
Y soy con la misma certeza el mismo ser que imagina; pues aunque sea (como supuse antes) que nada de lo que imagino es verdadero, aun así el poder de la imaginación no deja de existir realmente en mí y de formar parte de mi pensamiento.
En fin, soy el mismo ser que percibe, es decir, que comprende ciertos objetos como por los órganos de los sentidos, puesto que, en verdad, veo luz, oigo un ruido y siento calor. Pero se dirá que estas apariencias son falsas y que estoy soñando. Sea así. Al menos es cierto que me parece ver luz, oír un ruido y sentir calor; esto no puede ser falso, y esto es lo que en mí se llama propiamente percibir (sentire), lo cual no es otra cosa que pensar.
A partir de esto empiezo a conocer lo que soy con algo más de claridad y distinción que hasta ahora. Pero, sin embargo, todavía me parece, y no puedo dejar de creer, que las cosas corporales, cuyas imágenes forma el pensamiento [que caen bajo los sentidos], y que son examinadas por el mismo, son conocidas con mucha mayor distinción que esa no sé qué parte de mí que no es imaginable; aunque, en verdad, pueda parecer extraño decir que conozco y comprendo con mayor distinción las cosas cuya existencia me parece dudosa, que son desconocidas y no me pertenecen, que otras de cuya realidad estoy persuadido, que me son conocidas y