de otra, hasta que, de etapa en etapa, lleguemos por fin a una causa última, que
Y es bastante manifiesto que en este asunto no puede haber una regresión infinita de causas, puesto que la cuestión planteada se refiere no tanto a la causa que una vez me produjo, cuanto a aquella por la cual soy conservado en este preciso momento.
Tampoco puede suponerse que diversas causas concurrieron en mi producción, y que de una recibí la idea de una de las perfecciones que atribuyo a la Deidad, y de otra la idea de alguna otra, y que así todas esas perfecciones se encuentran ciertamente en alguna parte del universo, pero no existen todas juntas en un solo ser que es Dios; pues, por el contrario, la unidad, la simplicidad o inseparabilidad de todas las propiedades de la Deidad es una de las principales perfecciones que concibo que posee; y la idea de esta unidad de todas las perfecciones de la Deidad ciertamente no pudo ser puesta en mi mente por ninguna causa de la cual no hubiera recibido asimismo las ideas de todas las demás perfecciones; pues ningún poder podría capacitarme para abarcarlas en una unidad inseparable, sin darme al mismo tiempo el conocimiento de lo que eran [y de su existencia en un modo determinado].
Finalmente, por lo que respecta a mis padres [de quienes al parecer procedo], aunque todo lo que creí acerca de ellos sea verdadero, no se sigue de ello, sin embargo, que yo sea conservado por ellos, ni siquiera que yo haya sido producido por ellos, en cuanto que soy una cosa que piensa. Todo lo que, a lo sumo, contribuyeron a mi origen fue el dar ciertas disposiciones (modificaciones) a la materia en la que hasta ahora he juzgado que está encerrado yo o mi espíritu, que es lo único que ahora considero como yo mismo; y así no puede haber aquí ninguna dificultad respecto a