no podían hallarse en Dios, puesto que yo mismo habría sido feliz de verme libre de
Además, yo tenía ideas de muchas cosas sensibles y corpóreas; pues, aunque pudiese suponer que estaba soñando, y que todo lo que veía o imaginaba era falso, no podía, sin embargo, negar que las ideas estuviesen en realidad en mis pensamientos.
Mas, como ya había reconocido muy claramente en mí mismo que la naturaleza inteligente es distinta de la corpovía —y como observaba que toda composición es prueba de dependencia, y que el estado de dependencia es manifiestamente un estado de imperfección—, determiné por ello que no podía ser una perfección en Dios estar compuesto de estas dos naturalezas y que, por consiguiente, él no estaba así compuesto; sino que, si había algunos cuerpos en el mundo, o incluso algunas inteligencias u otras naturalezas que no fuesen enteramente perfectas, su existencia dependía de su poder de tal modo que no podían subsistir sin él ni por un solo momento.
Estuve