de ello se vuelve así verdadero y cierto.
Y este mismo conocimiento se extiende asimismo a todo aquello que recuerdo haber demostrado anteriormente, como las verdades de la geometría y cosas semejantes; pues ¿qué se puede alegar en contra de ellas que me lleve a dudar de ellas?
- ¿Será que mi naturaleza es tal que puedo equivocarme con frecuencia?
- Pero ya sé que no puedo ser engañado en aquellos juicios cuyos fundamentos poseo con un conocimiento claro.
- ¿Será que antaño consideré verdaderas y ciertas cosas que después descubrí que eran falsas?
- Pero yo no tenía un conocimiento claro y distinto de ninguna de esas cosas y, al ignorar aún la regla por la cual tengo la certeza de la verdad de un juicio, me vi llevado a darles mi asentimiento por motivos que más tarde descubrí que eran menos sólidos de lo que entonces había imaginado.
¿Qué otra objeción queda, por tanto? ¿Se dirá que tal vez estoy soñando (objeción que yo