ha habituado durante tanto tiempo, convendrá detenerse un poco en esta etapa para que, mediante una meditación prolongada, pueda gravar más profundamente en mi memoria este nuevo conocimiento.
Meditación III
De Dios: Que existe
Ahora cerraré los ojos, taparé mis oídos, apartaré mis sentidos de sus objetos, incluso borraré de mi conciencia todas las imágenes de las cosas corpóreas; o al menos, como esto apenas puede lograrse, las consideraré vanas y falsas; y así, conversando únicamente conmigo mismo y examinando detenidamente mi naturaleza, me esforzaré por adquirir poco a poco un conocimiento más íntimo y familiar de mí. Soy una cosa que piensa (consciente), es decir, un ser que duda, afirma, niega, conoce unas pocas cosas e ignora muchas—[que ama, odia], quiere, rechaza, que imagina también y percibe; pues, como antes he señalado, aunque las cosas que percibo o imagino acaso no sean nada en absoluto fuera de mí [y en sí mismas], estoy no obstante seguro de que esos modos de