de ninguna de las comodidades que se hallan en las ciudades más populosas, y sin embargo tan solitario y retirado como en medio de los desiertos más remotos.
Parte IV
Dudo de la conveniencia de hacer objeto de discurso mis primeras meditaciones en el lugar arriba mencionado; pues estas son tan metafísicas, y tan poco comunes, que quizá no sean del agrado de todos. Y sin embargo, para que se pueda determinar si los cimientos que he establecido son lo suficientemente seguros, me veo en la necesidad de referirme a ellos.
Había notado hace mucho tiempo que, en lo referente a la práctica, es a veces necesario adoptar, como si estuvieran fuera de duda, opiniones que vemos que son muy inciertas, como ya se ha dicho; pero como entonces deseaba entregarme tan solo a la búsqueda de la verdad, pensé que era preciso hacer exactamente lo contrario, y rechazar como absolutamente falsas todas aquellas opiniones en las que pudiera imaginar el menor motivo de duda, para