pudiera asegurarme que existía triángulo alguno: * mientras que, por el contrario, al volver al examen de la idea de un Ser Perfecto, hallaba que la existencia del Ser estaba comprendida en la idea del mismo modo que la igualdad de sus tres ángulos a dos rectos está comprendida en la idea de un triángulo, o como en la idea de una esfera, la equidistancia de todos los puntos de su superficie respecto al centro, o aún con mayor claridad; y que consiguientemente es al menos tan cierto que Dios, que es este Ser Perfecto, es o existe, como pueda serlo cualquier demostración
Pero la razón que lleva a muchos a persuadirse de que hay una dificultad en conocer esta verdad, y también en conocer lo que su mente es en realidad, es que jamás elevan sus pensamientos por encima de los objetos sensibles, y están tan acostumbrados a no considerar nada si no es por medio de la imaginación, que es un modo de pensar limitado a los objetos materiales, que todo lo que no es imaginable les parece inteligible.
La verdad de esto se manifiesta suficientemente por la sola circunstancia de que los filósofos de las escuelas aceptan como máxima que no hay nada en el entendimiento que no haya estado previamente en los sentidos, en los cuales, sin embargo, es seguro que las ideas de Dios y del alma jamás han estado; y me parece que quienes se sirven de su imaginación para comprender estas ideas hacen exactamente lo mismo que si, para oír sonidos u oler olores, se esmeraran en valerse de sus ojos; a no ser que haya esta diferencia, de que el sentido de la vista no nos proporciona una seguridad inferior a los del olfato o el oído; en lugar de lo cual, ni nuestra imaginación ni nuestros sentidos pueden darnos seguridad de cosa alguna a menos que nuestro entendimiento intervenga.
Finalmente, si todavía hay personas que no estén suficientemente persuadidas de la existencia de