Así pues, a pesar de la variedad de los años, la suma de las producciones durante un número considerable de años es sensiblemente la misma; de modo que el hombre, mediante una previsión útil, puede prevenir la irregularidad de las estaciones distribuyendo equitativamente entre todas ellas los bienes que la naturaleza reparte de manera desigual. No excluyo de la ley anterior los resultados debidos a causas morales. La razón entre los nacimientos anuales y la población, y la de los matrimonios respecto a los nacimientos, muestran solo pequeñas variaciones; en París, el número de nacimientos anuales es casi el mismo, y he oído decir que en la oficina de correos, en las estaciones ordinarias, el número de cartas descartadas a causa de direcciones defectuosas cambia poco cada año; esto mismo se ha observado en Londres.
Se sigue de nuevo de este teorema que en una serie de acontecimientos indefinidamente prolongada la acción de las causas regulares y constantes debe prevalecer a la larga sobre la de las causas irregulares.
Es esto lo que hace que las ganancias de las loterías sean tan ciertas como los productos de la agricultura; las probabilidades que se reservan les aseguran un beneficio en la totalidad de un gran número de tiradas.
Por consiguiente, estando las oportunidades favorables y numerosas constantemente unidas a la observación de los eternos principios de la razón, de la justicia y de la humanidad que establecen y mantienen a las sociedades, hay una gran ventaja en conformarse a dichos principios y un grave inconveniente en apartarse de ellos.
Si se consultan las historias y la propia experiencia, se verá que todos los hechos acuden en auxilio de este resultado del cálculo.
- Considerad los felices efectos de las instituciones fundadas sobre la razón y los derechos naturales del hombre entre los pueblos que han sabido establecerlas y preservarlas.
- Considerad también las ventajas que la buena fe ha procurado a los gobiernos que han hecho de ella la base de su conducta y cómo han sido indemnizados por los sacrificios que les ha costado una escrupulosa exactitud en cumplir sus compromisos.
¡Qué inmenso crédito en el interior! ¡Qué preponderancia en el exterior!
Por el contrario, considerad en qué abismo de desgracias han sido precipitadas a menudo las naciones por la ambición y la perfidia de sus jefes.
Cada vez que una gran potencia, embriagada por el amor a la conquista, aspira a la dominación universal, el sentimiento de independencia produce entre las naciones amenazadas una coalición de la cual se convierte casi siempre en víctima.
Del mismo modo, en medio de las causas variables que extienden o restringen los diversos Estados, los límites naturales, al actuar como causas constantes, deben terminar por prevalecer. Es importante, pues, tanto para la estabilidad como para la felicidad de los imperios, no extenderlos más allá de aquellos límites hacia los cuales son conducidos de nuevo sin cesar por la acción de dichas causas; al igual que las aguas de los mares, levantadas por violentas tempestades, vuelven a caer en sus cuencas por la fuerza de la gravedad. Es una vez más el resultado del cálculo de probabilidades, confirmado por numerosas y melancólicas experiencias.