Somos capaces además, mediante el análisis de probabilidades, de verificar la existencia o la influencia de ciertas causas cuya acción se cree que existe sobre los seres organizados.
De todos los instrumentos que podemos emplear para reconocer los agentes imperceptibles de la naturaleza, los más sensibles son los nervios, especialmente cuando causas particulares aumentan su sensibilidad. Es mediante su auxilio como se ha descubierto la débil electricidad que desarrolla el contacto de dos metales heterogéneos; esto ha abierto un vasto campo a las investigaciones de los físicos y los químicos.
Los singulares fenómenos que resultan de la extrema sensibilidad de los nervios en ciertos individuos han dado origen a diversas opiniones sobre la existencia de un nuevo agente al que se ha denominado magnetismo animal, sobre la acción del magnetismo ordinario y sobre la influencia del sol y de la luna en ciertas afecciones nerviosas y, por último, sobre las impresiones que la proximidad de los metales o del agua corriente hace sentir.
Es natural pensar que la acción de estas causas es muy débil y que puede ser fácilmente perturbada por circunstancias accidentales; por lo tanto, debido a que en algunos casos no se manifiesta en absoluto, no debe negarse su existencia.
Estamos tan lejos de reconocer todos los agentes de la naturaleza y sus diversos modos de acción que sería poco filosófico negar los fenómenos únicamente porque son inexplicables en el estado actual de nuestros conocimientos.
Pero debemos examinarlos con una atención tanto más escrupulosa cuanto más difícil parece admitirlos; y es aquí donde el cálculo de probabilidades se vuelve indispensable para determinar hasta qué punto es necesario multiplicar las observaciones o las experiencias con el fin de obtener, en favor de los agentes que indican, una probabilidad superior a las razones que se pueden obtener por otra parte para no admitirlos.
El cálculo de probabilidades puede hacer apreciables las ventajas y los inconvenientes de los métodos empleados en las ciencias especulativas.
Así, para reconocer el mejor de los tratamientos en uso para la curación de una enfermedad, basta con probar cada uno de ellos en un número igual de pacientes, haciendo que todas las condiciones sean exactamente similares; la superioridad del tratamiento más ventajoso se manifestará más y más a medida que aumente el número; y el cálculo hará evidente la probabilidad correspondiente de su ventaja y la proporción según la cual es superior a los demás.