de hablar. Será mejor que bajes ahora mismo a recepción y hagas meter estas cosas en la caja fuerte del hotel”. Cogí el estuche y lo abrí. “¡Válgame el cielo!”.
¡El maldito cacharro estaba vacío!
—¡Oh, Dios mío! —dije, mirando fijamente—. ¡No me diga que al final ha habido chanchullos en el cruce de caminos!
—Exactamente, señor. Fue exactamente de la misma manera como lord Frederick fue estafado en la ocasión a la que me he referido. Mientras su cómplice femenina abrazaba con gratitud a su señoría, Soapy Sid sustituyó el maletín original por un duplicado que contenía las perlas y se marchó con las joyas, el dinero y el recibo. Valiéndose del recibo, posteriormente le exigió a su señoría la devolución