señor.”
—Santo Dios, Jeeves, parece usted saberlo todo.
—Muchas gracias, señor.
—Vera que el señor Sipperley está enamorado de la señorita Moon.
—Sí, señor.
“Pero teme hablar.”
—A menudo suele ser así, señor.
“Considerándose indigno”.
—Precisamente, señor.
—¡Exacto! Pero eso no es todo. Guarde eso en un rincón de la mente, Jeeves, y asimile el resto de los hechos. El señor Sipperley, como usted sabe, es el director de un semanario dedicado a los intereses de la Alta Sociedad más frívola. Y ahora el director de su antiguo colegio ha empezado a pasarse por la oficina y a encasquetarle morralla totalmente inadecuada para la Alta Sociedad más frívola.