extraoficial. Nos volvemos en el tren de las tres diez. Y ahora, tocante a ese almuerzo que tan amablemente te ofreciste a invitarnos, ¿cuál va a ser? * ¿Ritz? * ¿Savoy? * ¿Carlton? O, si eres socio del Ciro’s o del Embassy, cualquiera de esos nos vendría
“No puedo invitarte a almorzar. Tengo un compromiso. Y, por Júpiter —dije, echándole un vistazo a mi reloj—, voy tarde”.
Paré un taxi. “Lo siento”.
—De hombre a hombre, entonces —dijo Eustace—, préstame cinco libras.
No tuve tiempo de parar a discutir. Me desabroché el billete de cinco y salté al taxi. Faltaban veinte para las dos cuando llegué al apartamento. Entré de un salto en la sala de estar,