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nydus/Jeeves StoriesPublic
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El toque metropolitano

e insitió en que mandara a Jeeves en el coche con las maletas mientras él y yo íbamos andando. Empezó a hablarme de la parienta en cuanto hubimos empezado a dar zapatazos.

—Es muy maravillosa, Bertie. No es una de esas chicas modernas frívolas y de mente superficial. Es dulcemente seria y maravillosamente cabal. Me recuerda a—, ¿cómo se llama la que tengo en la punta de la lengua?

“¿Marie Lloyd?”

—Santa Cecilia —dijo el joven Bingo, mirándome con bastante repugnancia—. Me recuerda a Santa Cecilia. Hace que anhele ser un hombre mejor, más noble, más profundo y más amplio.

—Lo que me quita el sueño —dije, continuando el hilo de mis pensamientos— es el criterio que sigues para elegirlas. Las chicas de las que te enamoras, quiero decir. O sea, ¿cuál es tu sistema? Por lo que veo, no hay dos que se parezcan. Primero fue Mabel la camarera, luego Honoria Glossop, después aquella horrible lapa de Charlotte Corday Rowbotham…

Reconozco que Bingo tuvo la decencia de estremecerse. Pensar en Charlotte siempre me hacía estremecer a mí también.

—No pretenderás en serio, Bertie, que tienes la intención de comparar el sentimiento que tengo por Mary Burgess, la sagrada devoción, la espiritual⁠—

—Bueno, está bien, déjalo —dije—. Oye, viejo amigo, ¿no estamos dando un rodeo bastante largo?

Teniendo en cuenta que se suponía que nos dirigíamos a Twing Hall, me pareció que nos estábamos tomando nuestro tiempo. El Hall está a unas dos millas de la estación por la carretera principal, y nosotros nos habíamos metido por un sendero,

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