Dejaré abierta la ventana de su estudio y, cuando ya nos hayamos alejado bien, tú treparás por ella, robarás el cilindro y telargarás otra vez. Es absurdamente sencillo.
“Sí, pero medio segundo—”
—Sé lo que vas a decir —dijo Bingo, levantando una mano—. ¿Cómo vas a encontrar el cilindro? Eso es lo que te preocupa, ¿verdad? Bueno, va a ser facilísimo. Ni una sola posibilidad de equivocarse. El objeto está en el cajón superior izquierdo del escritorio, y el cajón se quedará sin llave porque la estenógrafa de Rosie vendrá a las cuatro a pasar a máquina el asunto.
—Escucha, Bingo —le dije—. Siento muchísimo lo tuyo y todo eso, pero tengo que negarme