Quizá comprendamos mejor cómo los instintos en estado natural se han modificado por la selección si consideramos algunos casos.
Elegiré solo tres, a saber: * el instinto que lleva al cuco a poner sus huevos en los nidos de otras aves; * el instinto esclavizador de ciertas hormigas; * y la capacidad de construir celdillas de la abeja doméstica:
estos dos últimos instintos han sido general y justamente clasificados por los naturalistas como los más maravillosos de todos los instintos conocidos.