Pero si limita su atención a una clase dentro de un país, pronto se decidirá sobre cómo clasificar la mayoría de las formas dudosas. Su tendencia general será crear muchas especies, pues quedará impresionado, al igual que el criador de palomas o aves de corral mencionado anteriormente, por la magnitud de la diferencia en las formas que estudia continuamente; y posee escaso conocimiento general de la variación analógica en otros grupos y en otros países con el cual corregir sus primeras impresiones. A medida que amplíe el alcance de sus observaciones, se encontrará con más casos de dificultad, pues hallará un mayor número de formas estrechamente emparentadas. Pero si sus observaciones se amplían considerablemente, al final por lo general podrá formarse un criterio propio; sin embargo, logrará esto a costa de admitir una gran variación, y la veracidad de tal admisión será a menudo disputada por otros naturalistas. Cuando llegue a estudiar formas emparentadas traídas de países que hoy no son continuos, caso en el cual no puede esperar hallar eslabones intermedios, se verá obligado a confiar casi por completo en la analogía, y sus dificultades llegarán al clímax.
Ciertamente, hasta ahora no se ha trazado ninguna línea clara de demarcación entre las especies y las subespecies —es decir, las formas que, en opinión de algunos naturalistas, se acercan mucho, pero no llegan del todo, al rango de especie—; o bien, entre las subespecies y las variedades bien marcadas, o entre las variedades menores y las diferencias individuales. Estas diferencias se funden unas en otras mediante una serie insensible; y una serie impresiona la mente con la idea de un paso real.
Por tanto, considero que las diferencias individuales, aunque de escaso interés para el sistemático, son de la máxima importancia para nosotros, por ser el primer paso hacia esas variedades tan leves que apenas se consideren dignas de ser registradas en las obras de historia natural.