Pero mis tablas muestran además que, en cualquier país limitado, las especies que son más comunes, es decir, que abundan más en individuos, y las especies que están más ampliamente diseminadas dentro de su propio país (y esto es una consideración distinta de la amplia distribución y, hasta cierto punto, de la condición de comunes), son las que más a menudo dan origen a variedades suficientemente bien marcadas como para haber sido registradas en las obras botánicas.
Por consiguiente, son las especies más prósperas, o como se les puede llamar, las especies dominantes —aquellas que se extienden ampliamente, están más difundidas en su propio país y son más numerosas en individuos— las que con mayor frecuencia producen variedades bien marcadas, o, como yo las considero, especies incipientes.
Y esto, tal vez, podría haberse previsto; pues, como las variedades, para llegar a ser en algún grado permanentes, tienen necesariamente que luchar con los otros habitantes del país, las especies que ya son dominantes serán las más propensas a producir descendencia que, aunque modificada en algún ligero grado, siga heredando aquellas ventajas que permitieron a sus progenitores volverse dominantes sobre sus compatriotas.
En estas observaciones sobre la predominancia, debe entenderse que se hace referencia únicamente a las formas que entran en competencia entre sí, y más especialmente a los miembros del mismo género o clase que tienen hábitos de vida casi similares. Respecto al número de individuos o a la abundancia de las especies, la comparación se refiere por supuesto únicamente a los miembros del mismo grupo. Puede decirse que una de las plantas superiores es dominante si es más numerosa en individuos y está más ampliamente diseminada que las demás plantas del mismo país que viven bajo condiciones casi idénticas.