Cómo la Esfera, habiendo intentado en vano las palabras, recurrió a los hechos
Fue en vano. Hice colisionar violentamente mi ángulo recto más agudo contra el Extranjero, presionándolo con una fuerza suficiente como para haber destruido a cualquier Círculo ordinario: mas pude sentirlo deslizarse lenta e inexorablemente de mi contacto; sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda, sino moviéndose de algún modo fuera del mundo, y desvaneciéndose en la nada.
Pronto hubo un vacío. Pero aún escuchaba la voz del intruso.
Sphere. ¿Por qué te niegas a escuchar a la razón? Yo había esperado encontrar en ti —por ser un hombre sensato y un matemático consumado— un apóstol idóneo para el Evangelio de las Tres Dimensiones, que se me permite predicar una sola vez cada mil años; pero ahora no sé cómo convencerte. Espera, ya lo tengo. Los hechos, y no las palabras, proclamarán la verdad. Escucha, amigo mío.
Te he dicho que desde mi posición en el Espacio puedo ver el interior de todas las cosas que consideráis cerradas. Por ejemplo, veo en aquel armario junto al cual estáis de pie, varios de los que llamáis cajones (pero que, como todo lo demás en Planilandia, no