era solo una broma, y por supuesto no lo decía en serio; además, entonces no sabíamos nada de la nueva ley; y no creo haber dicho nada sobre la Tercera Dimensión; y estoy seguro de que no pronuncié ni una sola palabra sobre "Hacia arriba, no hacia el norte", porque eso sería una soberana tontería, ya sabes. ¿Cómo podría moverse algo Hacia arriba, y no hacia el norte? ¡Hacia arriba y no hacia el norte! Incluso si fuera un bebé, no podría ser tan absurdo. ¡Qué tontería! ¡Ja, ja, ja!»
—En absoluto es una tontería —dije, perdiendo los estribos—; aquí, por ejemplo, tomo este Cuadrado —y, dicho esto, agarré un Cuadrado movible que tenía a mano—, y lo muevo, ya ves, no hacia el Norte sino... sí, lo muevo hacia Arriba... es decir, no hacia el Norte, sino que lo muevo a alguna parte... no exactamente así, sino de algún modo...
Aquí llevé mi frase a una conclusión insulsa, agitando el Cuadrado de un modo inútil, para gran diversión de mi nieto, que rompió a reír más fuerte que nunca y declaró que no le estaba enseñando, sino bromeando con él; y dicho esto, abrió la puerta con la llave y salió corriendo de la habitación.
Así terminó mi primer intento de convertir a un discípulo al Evangelio de las Tres Dimensiones.