Cómo intenté en vano explicar la naturaleza de Planilandia
Pensando que ya era hora de hacer descender al Monarca de sus éxtasis al nivel del sentido común, me dispuse a intentar abrir ante él algunos destellos de la verdad, es decir, de la naturaleza de las cosas en Planilandia.
Así que comencé de este modo:
«¿Cómo distingue vuestra Alteza Real las formas y posiciones de sus súbditos? Por mi parte noté mediante el sentido de la vista, antes de entrar en vuestro Reino, que algunas de vuestras gentes son Líneas y otras Puntos, y que algunas de las Líneas son más grandes...»
—Habláis de una imposibilidad —interrumpió el Rey—; debéis haber tenido una visión; pues detectar la diferencia entre una Línea y un Punto mediante el sentido de la vista es, como todo el mundo sabe, por la naturaleza de las cosas, imposible; mas puede detectarse mediante el sentido del oído, y por el mismo medio mi forma puede determinarse con exactitud. Observadme—soy una Línea, la más larga de Línelandia, de más de seis pulgadas de Espacio—
—De la extensión —me aventuré a sugerir.
—Necio —dijo—, el Espacio es la Longitud. Vuelve a interrumpirme y habré terminado.