Sin embargo, antes de proceder a mi legítimo asunto, mis lectores sin duda esperarán unas últimas observaciones sobre aquellos pilares y puntales de la Constitución de Planilandia, los controladores de nuestra conducta y forjadores de nuestro destino, los objetos de universal homenaje y casi de adoración: ¿necesito decir que me refiero a nuestros Círculos o Sacerdotes?
Cuando los llamo Sacerdotes, no se me entienda como queriendo decir simplemente lo que el término denota entre ustedes. Entre nosotros, nuestros Sacerdotes son administradores de todos los negocios, artes y ciencias; directores del comercio, la industria, la capitanía general, la arquitectura, la ingeniería, la educación, la política, la legislación, la moral, la teología; sin hacer nada por sí mismos, son las causas de todo lo que vale la pena hacer y que hacen los demás.
Aunque popularmente a lo que se llama Círculo se le considera un Círculo, entre las clases más cultas se sabe que ningún Círculo es realmente un Círculo, sino tan solo un Polígono con un número muy grande de lados muy pequeños. A medida que aumenta el número de lados, un Polígono se aproxima a un Círculo; y, cuando el número es verdaderamente muy grande, digamos por ejemplo tres o cuatrocientos, le resulta sumamente difícil al tacto más delicado percibir ángulo poligonal alguno. Permítanme decir más bien que resultaría difícil: pues, como he mostrado más arriba, el Reconocimiento por el Tacto es desconocido entre la alta sociedad, y palpar un Círculo se consideraría un insulto de lo más audaz. Este hábito de abstenerse de Palpar en la mejor sociedad le permite a un Círculo sostener más fácilmente el velo de misterio con el que, desde sus primeros años, suele envolver la naturaleza exacta de su perímetro o circunferencia. * Siendo tres pies el perímetro medio, se deduce que, en un Polígono de tres cien lados, cada lado no medirá más de