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V. De nuestros métodos para reconocernos unos a otros

criminales y vagabundas, siempre hay una vasta superabundancia de individuos de la clase de medio grado y de un grado, y una respetable abundancia de especímenes de hasta 10°. * Estos carecen absolutamente de derechos cívicos; y un gran número de ellos, al no tener siquiera la inteligencia suficiente para los fines bélicos, son destinados por los Estados al servicio de la educación. > Inmovilizados con grilletes para eliminar toda posibilidad de peligro, son colocados en las aulas de nuestras escuelas infantiles, y allí son utilizados por la Junta de Educación con el fin de transmitir a la prole de las clases medias ese tacto y esa inteligencia de los cuales estas desdichadas criaturas carecen

En algunos Estados, los especímenes son alimentados ocasionalmente y se les permite existir durante varios años; pero en las regiones más templadas y mejor administradas, a la larga se considera más ventajoso para los intereses educativos de la juventud prescindir del alimento y renovar los especímenes cada mes, lo cual es aproximadamente la duración media de la existencia sin alimento de la clase criminal. En las escuelas más económicas, lo que se gana con la mayor longevidad del espécimen se pierde, en parte debido al gasto en comida y en parte a la menor precisión de los ángulos, los cuales se deterioran tras unas pocas semanas de constante «palpado». Tampoco debemos olvidar añadir, al enumerar las ventajas del sistema más costoso, que este contribuye, aunque de forma leve pero perceptible, a la disminución de la redundante población de Isósceles, un objetivo que todo estadista en Planilandia mantiene constantemente presente. Por lo tanto, en conjunto —aunque no ignoro que, en muchos consejos escolares elegidos por sufragio popular, hay una reacción a favor del llamado «sistema económico»—, yo mismo me inclino a pensar que este es uno de los muchos casos en los que el gasto resulta ser la verdadera economía.

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