Del proyecto de ley sobre el color universal
Pero entretanto las artes intelectuales decaían rápidamente.
El Arte del Reconocimiento Visual, al ya no ser necesario, dejó de practicarse; y los estudios de geometría, estática, cinética y demás materias afines pronto pasaron a considerarse superfluos, cayendo en el descrédito y el abandono incluso en nuestra Universidad.
El Arte inferior del Tacto experimentó rápidamente la misma suerte en nuestras escuelas elementales. Entonces las clases de los Isósceles, afirmando que los especímenes ya no se usaban ni se necesitaban, y negándose a pagar el tributo habitual de las clases criminales para el servicio de la educación, se volvieron cada vez más numerosas e insolentes valiéndose de su inmunidad ante la antigua carga que anteriormente había ejercido el doble y saludable efecto de amansar su naturaleza brutal y diezmar su excesivo número.
Año tras año, los soldados y artesanos comenzaron a afirmar con más vehemencia —y con creciente verdad— que no había gran diferencia entre ellos y la clase más encumbrada de los Polígonos, ahora que habían sido elevados a la igualdad con estos y se les permitía lidiar con todas las dificultades y resolver todos los problemas de la vida, ya fueran estáticos o cinéticos, mediante el sencillo proceso del Reconocimiento del Color. No contentos con el abandono natural en el que estaba cayendo el Reconocimiento por la Vista, comenzaron a exigir audazmente la prohibición legal de todas las «artes monopolizadoras y aristocráticas» y