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XXII. Cómo intenté entonces difundir la teoría de las tres dimensiones por otros medios, y del resultado

policías estaba presente, de una angularidad escasamente menor, si es que lo era, de 55°, ordenó que fueran relevados antes de que yo comenzara mi defensa, por una clase inferior de 2° o 3°. Sabía demasiado bien lo que eso significaba. Iba a ser ejecutado o encarcelado, y mi historia se mantendría en secreto para el mundo mediante la destrucción simultánea de los oficiales que la habían escuchado; y, siendo este el caso, el Presidente deseaba sustituir a las víctimas más costosas por otras más

Después de que hube concluido mi defensa, el Presidente, tal vez percibiendo que algunos de los Círculos menores se habían conmovido por mi evidente vehemencia, me hizo dos preguntas:⁠—

  1. Que si podía indicar la dirección a la que me refería cuando usé las palabras «Hacia arriba, no hacia el norte»?
  1. ¿Podría yo, mediante diagramas o descripciones (que no fueran la enumeración de lados y ángulos imaginarios), indicar la Figura a la que tuve a bien llamar Cubo?

Declaré que no podía decir nada más, y que debía encomendarme a la Verdad, cuya causa sin duda triunfaría al final.

El Presidente respondió que compartía plenamente mi sentimiento y que no podría hacer nada mejor.

Debía ser condenado a prisión perpetua; pero si la Verdad pretendía que yo saliera de la prisión y evangelizara al mundo, se podía confiar en que la Verdad haría que ese resultado se cumpliera.

Mientras tanto, no se me sometería a ninguna incomodidad que no fuera necesaria para impedir la fuga y, a menos que perdiera el privilegio por mala conducta, se me permitiría ocasionalmente ver a mi hermano, que me había precedido en mi prisión.

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