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V. De nuestros métodos para reconocernos unos a otros

De otro modo, los ángulos podrían infligir una lesión irreparable al incauto Palpador. Es esencial para la seguridad del Palpador que el Palpado permanezca perfectamente quieto. Un sobresalto, un cambio de postura nervioso, sí, incluso un estornudo violento, se sabe que ya antes han resultado fatales para el incauto y han truncado en ciernes más de una amistad prometedora. Esto es especialmente cierto entre las clases más bajas de los Triángulos. En ellos, el ojo está situado tan lejos de su vértice que apenas pueden percatarse de lo que ocurre en ese extremo de su estructura. Son, además, de una naturaleza basta y grosera, no sensibles al tacto delicado del Polígono altamente organizado. ¿Qué de extrañar, pues, que un involuntario sacudón de cabeza haya privado ya antes al Estado de una vida valiosa!

He oído que mi excelente abuelo —uno de los menos irregulares de su infeliz clase de los Isósceles, el cual de hecho obtuvo, poco antes de su fallecimiento, cuatro de siete votos de la Junta Sanitaria y Social para ascenderlo a la clase

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