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V. De nuestros métodos para reconocernos unos a otros

el oído aumenta en dificultad, en parte porque las voces se asemejan, en parte porque la facultad de discriminación vocal es una virtud plebeya no muy desarrollada entre la aristocracia. Y siempre que hay algún peligro de impostura no podemos fiarnos de este método. Entre nuestras órdenes más bajas, los órganos vocales están desarrollados en un grado más que correspondiente con los del oído, de modo que un Isósceles puede fingir fácilmente la voz de un Polígono y, con algo de entrenamiento, la de un Círculo mismo. 2. Se recurre por lo tanto con mayor frecuencia a un

El sentimiento es, entre nuestras mujeres y clases inferiores⁠—sobre nuestras clases superiores hablaré dentro de un momento⁠—, la principal prueba de reconocimiento, al menos entre extraños, y cuando la cuestión no se refiere al individuo, sino a la clase. Lo que por lo tanto la «presentación» es entre las clases altas en Espaclandia, eso es el proceso del «sentimiento» entre nosotros. «Permítame pedirle que sienta y sea sentido por mi amigo el señor Fulano»⁠—es todavía, entre los más anticuados de nuestros caballeros rurales en distritos alejados de las ciudades, la fórmula habitual para una presentación en Planilandia. Pero en las ciudades, y entre los hombres de negocios, las palabras «sea sentido por» se omiten y la frase se abrevia a: «Permítase pedirle que sienta al señor Fulano»; aunque se da por sentado, por supuesto, que el «sentimiento» ha de ser recíproco. Entre nuestros jóvenes aún más modernos y audaces⁠—que son extremadamente reacios al esfuerzo superfluo y sumamente indiferentes a la pureza de su lengua materna⁠—, la fórmula se reduce aún más mediante

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