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XI. Acerca de nuestros sacerdotes

la centésima parte de un pie de longitud, o poco más de la décima parte de una pulgada; y en un Polígono de seis o setecientos lados, los lados son poco más grandes que la cabeza de un alfiler de Tridimensionalia. * Siempre se da por sentado, por cortesía, que el Círculo Principal en turno tiene diez

El ascenso de la posteridad de los Círculos en la escala social no está restringido, como ocurre entre las clases Regulares inferiores, por la ley de la Naturaleza que limita el aumento de lados a uno en cada generación. Si así fuera, el número de lados de un Círculo sería una mera cuestión de linaje y aritmética, y el cuatrocientos noventa y séptimo descendiente de un Triángulo Equilátero sería necesariamente un Polígono de quinientos lados.

Pero este no es el caso. La ley de la Naturaleza prescribe dos decretos antagónicos que afectan a la propagación Circular:

  • primero, que a medida que la raza asciende más alto en la escala de desarrollo, dicho desarrollo debe proceder a un ritmo acelerado;
  • segundo, que en la misma proporción, la raza se volverá menos fértil.

En consecuencia, en el hogar de un Polígono de cuatro o quinientos lados es raro encontrar un hijo; jamás se ve más de uno. Por otra parte, se sabe que el hijo de un Polígono de quinientos lados posee quinientos cincuenta, o incluso seiscientos lados.

El arte también interviene para ayudar en el proceso de la evolución superior. Nuestros médicos han descubierto que los lados pequeños y delicados del infante de un Polígono de clase superior pueden fracturarse, y toda su estructura recomponerse, con tanta exactitud que un Polígono de dos o trescientos lados a veces —de ningún modo siempre, pues el proceso conlleva un riesgo grave—, pero a veces se salta dos o tres

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