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XV. Concerning a Stranger from Spaceland

Apenas unos pocos granos de arena quedaban ya en el reloj de media hora. Reanimándome de mi ensoñación, giré el reloj hacia el Norte por última vez en el viejo Milenio; y en el acto, exclamé en voz alta: «El muchacho es un tonto».

Al instante cobré conciencia de una presencia en la habitación, y un aliento helado estremeció todo mi ser.

«No es tal cosa —exclamó mi esposa—, y estás quebrantando los Mandamientos al deshonrar de este modo a tu propio nieto».

Pero no le hice caso. Mirando a mi alrededor en todas direcciones no pude ver nada; sin embargo, aún sentía una presencia y me estremecí cuando el frío susurro volvió a resonar. Me incorporé de un salto.

—¿Qué pasa? —dijo mi esposa—; no hay corriente de aire; ¿qué estás buscando? No hay nada.

No había nada; y volví a ocupar mi asiento, exclamando de nuevo: «El muchacho es un tonto, digo yo; 3 al cubo no puede tener ningún sentido en geometría».

Al punto llegó una respuesta claramente audible: «El muchacho no es un tonto; y 3 al cubo tiene un sentido geométrico evidente».

Mi esposa tanto como yo mismo oímos las palabras, aunque ella no comprendió su significado, y ambos dimimos un salto hacia adelante en la dirección del sonido. ¡Cuál no sería nuestro horror cuando vimos ante nosotros una Figura! A primera vista parecía ser una mujer, vista de perfil; pero la observación de un momento me mostró que las extremidades se desvanecían en la

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