Tales matrimonios desacertados son, como cabría esperar, estériles, si no dan por resultado una Irregularidad positiva o una disminución de los lados; pero ninguno de estos males ha resultado ser hasta ahora lo suficientemente disuasorio.
La pérdida de unos pocos lados en un Polígono muy desarrollado no se nota fácilmente, y a veces se compensa mediante una operación exitosa en el Gimnasio Neo-Terapéutico, tal como he descrito más arriba; y los Círculos están demasiado dispuestos a aceptar la infecundidad como una ley del desarrollo superior.
Sin embargo, si este mal no se detiene, la disminución gradual de la clase Circular pronto podrá volverse más rápida, y el tiempo tal vez no esté muy lejano en que, al no ser la raza capaz de producir un Círculo Jefe, la Constitución de Planilandia deba caer.
Otra advertencia se me ocurre, aunque no puedo mencionar tan fácilmente un remedio; y esta también se refiere a nuestras relaciones con las mujeres.
Hace unos trescientos años, el Círculo Mayor decretó que, dado que las mujeres carecen de razón pero abundan en emociones, ya no debían ser tratadas como racionales ni recibir ninguna educación mental.
La consecuencia fue que se les dejó de enseñar a leer, e incluso a dominar la aritmética lo suficiente como para poder contar los ángulos de su marido o de sus hijos; y de ahí que declinaran notablemente en su poder intelectual durante cada generación.
Y este sistema de no educación femenina o quietismo aún prevalece.
Mi temor es que, con las mejores intenciones, esta política se ha llevado tan lejos que repercute de forma perjudicial en el sexo masculino.