de los Equiláteros— a menudo lamentaba, con una lágrima en su venerable ojo, un percance de esta índole que le había ocurrido a su tataratataratatarabuelo, un respetable trabajador con un ángulo o cerebro de 59° 30′. Según su relato, mi desafortunado antepasado, aquejado de reumatismo y en el acto de ser palpado por un Polígono, mediante un sobresalto repentino atravesó accidentalmente al gran hombre a través de la diagonal; y por ello, en parte a consecuencia de su largo encarcelamiento y degradación, y en parte debido al choque moral que afectó a todos los parientes de mi antepasado, hizo retroceder a nuestra familia grado y medio en su ascenso hacia cosas mejores. El resultado fue que en la siguiente generación el cerebro familiar quedó registrado en tan solo 58°, y no fue sino hasta el transcurso de cinco generaciones que se recuperó el terreno perdido, se alcanzaron los 60° completos y se logró finalmente el Ascenso desde los Isósceles. Y toda esta serie de calamidades a causa de un pequeño accidente en el proceso del Tacto.
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V. De nuestros métodos para reconocernos unos a otros
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